sábado, 19 de abril de 2014

Ev



Es Evelyn, Evelyn McHale…. Es Ev pero no se lo voy a decir a nadie.

Igual tarde o temprano lo van a averiguar. No adelantaría nada dándomelas de enterado, ahí está la cartera, a alguno de estos idiotas se le ocurrirá revisarla y es mejor que me mantenga a un lado, que nadie sepa de mí.

Un carro de la ONU… que puntería.

Evelyn carajo ¿en qué estabas pensando?.

¿Estabas pensando?

Todo esto es estúpido… estúpidamente trágico, inútil. Nadie va a tener compasión de tí Ev, todos los muertos terminan por ser buenos pero tú no, los suicidas no, los suicidas nunca son buenos, siempre son culpables de algo o débiles o alcohólicos o drogadictos… o locos. ¿Creerá alguien que tú solo estabas aburrida?. ¿Quién te va a llorar? ¿quién tendrá compasión de tí y pedirá por la salvación de tu alma? yo no, eso es seguro, aunque me diste miles de razones jamás te insulté mientras vivías y no lo voy a hacer ahora que estás muerta.

Dios como eres bella. Si vieras toda esta histeria que has provocado estarías feliz, estarías entretenida un rato.

Increible… mantienes esa calma indiferente como aquel día en el bar cuando nos conocimos. Si, yo se que estás muerta, ni modo estar más animada pero mírate, la misma expresión relajada y ausente, en verdad parece una de esas siestas que te echabas en cualquier sitio en cualquier momento cuando querías huir del hastío que te provocábamos.

¿Dónde quedaron tus zapatos?; que vicio con los zapatos tenías, seguro quedaron allá arriba... seguro, ni pensar en dañarlos contra el pavimento. Ese destello en tus ojos ante una zapatería era la prueba irrefutable que algo en tu alma aún vivía, zapatos… esos si eran orgasmos… ¿verdad que si?...  yo lo sabía, yo te espiaba cuando te los ponías por primera vez, si…. ¿por qué crees que te regalaba tantos?

Y mataste a un hombre. No se si ya lo sabes... ahí está el pobre…. debajo de tí. Un carro de la ONU… un simple chofer… qué puntería.

Nunca tuviste compasión de nadie ¿por qué ibas a tenerla por este pobre chofer?. Evelyn, ¿qué carajo querías de nosotros?. Veníamos de una guerra, veníamos del hambre, el frío y el miedo; veníamos de ese vacío, de la nada autoinducida de la negación, la culpa y el arrepentimiento; veníamos de vuelta de todos los horrores y todas las vergüenzas y tu… tu nos mirabas como quien mira una piedra...en medio de una cantera.

Que estúpido es todo esto, tan estúpido que me siento avergonzado haber abrigado esperanzas alguna vez, de todos los planes. Cuántas veces Ev, cuántas veces me dejé el alma en tu piel; cuántas veces en el desayuno mientras como un imbécil iba tejiendo sueños tu mirabas sobre mi hombro como si allá atrás estuviese sucediendo algo más interesante, como si la puerta de la nevera pudiera ofrecerte lo que yo no podía, lo que yo soñaba para tí. Por supuesto que tiré la maldita nevera, estuvo dos días ahí atravesada en la escalera, todo un escándalo, me tuve que mudar.

Pobre infeliz... tendrá que esperar que te saquen a tí antes de poder intentar sacarlo a él. Cuando llegue el forense tomarán algunas fotos y luego levantarán tu cuerpo, lo pondrán en una camilla o en la acera, no lo sé, y lo cubrirán con una sábana o algo, te meteran en el furgón y adiós; otra vez Ev, por enésima vez adiós.

Por última vez.

No más “te quieros”, no más noches en vela espiando tu casa, no más zapatos, no más siestas groseras, no más tus cejas... nunca más tus cejas ni tus labios, no más fría indiferencia ni aburrimiento. No más antros ni drogas ni alcohol. No más nada. De nuevo el vacío es mío.

Un vacío a tu medida, el vacío perfecto. Ahora que estás muerta no siento absolutamente nada, ni siquiera sorpresa o asombro, mucho menos tristeza o rabia. Te veo ahí tendida con esa plácida tranquilidad, tan bien puesta que si no te hubiese visto caer me costaría creer lo que estoy viendo y negaría la evidencia.

Si, te ví caer y de todos los gritos ninguno fue tuyo, caiste en silencio y el aire movía tus brazos, parecía que te despedias de todo y de todos pero sé que no es así, no fue así, habría sido impropio de tí despedirte. Como si te importara, como si alguna vez te hubiera importado algo, alguien, al menos una de todas las veces que te dije adios. Creo que lo que más me deprimía era la indiferencia con que me mirabas y encendías tu cigarrillo y dejabas que el humo se escapara por tu nariz sin decir ni media palabra.

¿En que carajo estabas pensando?. Una vez mi padre me dijo que él no tenía la culpa que yo fuese incapaz de sentir pasión por nada; claro, eso fue antes de la guerra, antes de conocerte. Ahora da igual, no está ninguno de los dos. No tiene la menor importancia. Si me viera hoy no me quedaría más remedio que darle la razón… pero ya no importa.

Ahí llegan los de azul, gritando órdenes, empujando a los curiosos. No tardaron tanto… claro, es un carro de la ONU, les habrán metido prisas.

Ay Ev… ¿donde quedaron tus zapatos?, tal vez debería subir a buscarlos o tal vez… mejor... debería ir a tu casa antes que descubran quién eras y por qué te echaste a volar. No quiero que sepan de mí, no podría volver a prisión.

________________ 

Nota: La mujer en la foto se llamaba Evelyn McHale y se suicidó saltando de el Empire State Building, aterrizó sobre un carro de la ONU. Solo encontré registro del hecho, no de sus razones. Ocurrió en 1947.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada